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Resolución sobre el uso de herramientas de Inteligencia Artificial en la comunicación política
Consejo Federal de Izquierda Unida del 9 de septiembre de 2026

La irrupción de las herramientas de inteligencia artificial generativa en el ámbito de la comunicación ha supuesto una transformación profunda en los modos de creación de contenidos audiovisuales y propagandísticos. Su rápida expansión y accesibilidad han llevado a que numerosas asambleas de base y órganos intermedios de nuestra organización hagan uso de estas tecnologías para la elaboración de argumentarios, comunicados, cartelería, materiales de agitación y propaganda, así como otros elementos comunicativos.

Sin embargo, esta utilización se está produciendo en algunos casos de manera acrítica, sin supervisión y al margen de los criterios políticos, estéticos y gráficos que definen la identidad visual de la organización. Concretamente, materiales descuidados y de baja calidad que rompen con la cohesión gráfica de la organización, tienen faltas de ortografía, con tipografías y colores que no vienen definidas en el manual de imagen gráfica de Izquierda Unida, logotipos distorsionados e inventados y imágenes generadas por inteligencia artificial que caricaturizan a adversarios políticos o representan sucesos ficticios.

Esto no solo deteriora la identidad de Izquierda Unida, sino que dilapida la credibilidad de nuestra organización cuando comunicamos por las cuentas oficiales materiales de tan baja calidad.

Es importante resaltar que esta resolución no implica un rechazo completo a todo uso de la IA, ya que esta tecnología puede emplearse para tareas cotidianas (como la generación de subtítulos, la transcripción de voz a texto, o la homogeneización estilística de textos escritos a varias manos) y puede agilizar nuestros procesos internos de manera notable. Pero sí implica una revisión crítica del funcionamiento y aplicación de esta tecnología.

No todas las IA son iguales

La inteligencia artificial, o más concretamente, los modelos grandes de lenguaje (large language models, o «LLM» por sus siglas en inglés) son sistemas de computación avanzados ejecutados en ordenadores de gran capacidad computacional entrenados con millones de datos y configurados para generar resultados en base a la predicción de texto. Esto implica dos cuestiones, el software (o sistema informático) que se entrena y ejecuta, y el ordenador (o servidor) en el que está alojado.

Esto es importante a la hora de discernir por cuestiones de seguridad, sesgos, censuras o manipulaciones. No es lo mismo ejecutar un modelo de DeepSeek (que es de código abierto, por tanto de dominio público) en una máquina que gestionamos nosotros mismos, que un modelo como ChatGPT, de OpenAI, que es de código privativo (no abierto, opaco) en un servidor propiedad de Amazon, ambas empresas privadas estadounidenses.

De la misma manera, no todas las tareas que se le encargan a la IA son iguales. Las tareas tendrán más carga computacional, y por tanto, energética, en base a la entrada de datos que le ingresemos y los resultados que esperemos. De esta manera, transcribir un audio a texto, por ejemplo, tiene un coste energético y computacional mucho menor que generar una voz a partir de un texto, e increíblemente menor que generar una imagen o un vídeo.

Implicaciones éticas y políticas del uso de IA

El uso de la IA en sí mismo plantea serias cuestiones éticas, tanto por el valor del trabajo humano acumulado con el que se ha entrenado esos modelos grandes de lenguaje, como por el elevado consumo energético que implican y la dependencia de infraestructuras tecnológicas controladas por grandes empresas privadas.

Esto se ve acrecentado cuando hablamos de materiales gráficos o audiovisuales, ya que para generar esas imágenes todos los modelos han sido entrenados con imágenes con derechos de autor, y copian de manera burda de obras reales de artistas reales. Esto, necesariamente, nos impide usar la IA para generar materiales gráficos, ya que de manera inconsciente casi con total seguridad estaremos vulnerando los derechos de autor de alguien, que podría reconocer su trabajo en nuestro material y denunciar públicamente, pudiendo suponer en el peor de los casos un litigio, o en el menor un escarnio público que puede erosionar nuestra credibilidad.

Como organización comprometida con el trabajo creativo de diseñadores, ilustradores, fotógrafos y trabajadores audiovisuales y de la cultura, entendemos que el uso indiscriminado de estas tecnologías devalúa su trabajo y ahonda en la precarización de sus condiciones laborales.

De manera complementaria, emplear la IA para recrear un suceso ficticio de manera que pueda confundirse con la realidad (deepfakes), o caricaturizar de manera no evidente a personajes públicos o adversarios políticos también tienen implicaciones problemáticas, ya que contribuimos y profundizamos en un modelo de comunicación falaz y posfactual, donde se prioriza la activación de reflejos emocionales a un análisis reposado y racional de las imágenes y los contenidos.

Este fenómeno ya ha sido bautizado como slopaganda (combinación de slop -bazofia- y propaganda), y es característico por como la nueva extrema derecha está empleandolo con fines políticos y electorales. El uso de la IA generativa en estos términos reconfigura la relación de la ciudadanía con la verdad, y explica en buena medida el momento reaccionario que vivimos.

Por tanto, acordamos:

  • Usar herramientas de IA siempre como parte del proceso, tomando responsabilidad de sus resultados, y siempre bajo revisión posterior tanto a nivel político como comunicativo, haciendo un uso crítico y consciente de estas herramientas, evaluando previamente la necesidad y la pertinencia de su utilización en cada caso concreto.
  • Emplear y respetar la línea gráfica de Izquierda Unida, porque fortalece nuestra imagen en el ámbito externo, y es responsabilidad de todas las asambleas y órganos cuidarla.
  • Descartar el uso de IA para composiciones gráficas, cartelería o materiales de agitprop desde cero, ya que no existen herramientas de IA que garanticen que no se vulneran los derechos de autor o de propiedad intelectual.
  • Queda bajo criterio político y comunicativo la utilización de imágenes cuyos derechos sí tenemos para generación de materiales propios (por ejemplo, retoque fotográfico puntual sobre una foto real de nuestra propiedad).
  • No usar IA para generar contenidos que representen hechos ficticios como si fueran reales, ni la caricaturización de personas, personajes públicos o adversarios políticos, prácticas que contradicen nuestros principios políticos y éticos.

Consejo Federal de Izquierda Unida





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