El objetivo es reducir la huella de carbono empleando materiales más sostenibles y, al mismo tiempo, crear nuevos ecosistemas marinos gracias a un diseño innovador.

Para ello, se propone construir las infraestructuras que estén sumergidas en el mar con un hormigón de baja huella de carbono gracias a la incorporación de residuos de otras actividades económicas. Este eco-hormigón permite reducir significativamente la cantidad de cemento utilizado, el cual es el principal responsable de las emisiones de CO₂ durante su fabricación.

Además, mediante la introducción de nuevos diseños, estas infraestructuras dejan de ser elementos pasivos y se transforman en estructuras activas que favorecen el crecimiento de flora y fauna marina, provocando un impacto ambiental positivo y fijando parte del CO2 disuelto en el mar durante el proceso biológico.

Para validar la solución, se han diseñado y fabricado varias estructuras piloto que se han instalado en el mar con el fin de monitorizar el crecimiento y asentamiento de la flora y fauna autóctona de la zona. Estas estructuras se ejecutaron con diferentes formulaciones de hormigón de baja huella de carbono y con varias configuraciones geométricas para verificar la efectividad de cada variable.

Tras varios meses de monitorización, se observó gran cantidad de poliquetos, peces y otras especies asociadas, confirmando la eficacia y potencial de esta tecnología.



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